REFLEXIÓN DEL DÍA – 1

Días atrás, uno de los incansables ministros de nuestra parroquia, Germán, empezó a escribir algunas de las hermosas reflexiones que a menudo inundan su alma, que pensamos compartir también por aquí.

Él pensó así: “Hoy, mientras me preparaba para servir como ministro, me miré las manos y sentí que no estaban a la altura del Misterio que me tocaba repartir. ​A veces, nos castigamos pensando que para venir a Misa tenemos que tener la vida resuelta y el corazón impecable, como un mantel de altar recién planchado, pero la realidad es que el Señor no busca museos; busca hospitales de campaña donde el abrazo cure más que la teoría”.

“​Según nos enseña la Instrucción General del Misal Romano, la Liturgia es acción de Cristo y del pueblo, un diálogo donde Él nos levanta del polvo. ​Me pasó de estar distribuyendo la Comunión y ver en los ojos de la gente esa misma sed que tenía yo: la de saber que, a pesar de las deudas, los líos o el cansancio, hay alguien que nos espera. ​Si ahora mismo te sentís un «desastre», vení igual. Cristo no se espanta de tu barro; se ofrece para limpiarlo con su propia vida. No esperes a estar «perfecto» para caminar hacia Él. La perfección es del Cielo, pero el camino es para los que tropezamos todos los días”.

​¿Qué es eso que hoy sentís que te frena para acercarte a la Eucaristía? ¿Hablamos sobre esos «peros» que nos ponemos a nosotros mismos?

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