Los días más recientes han sido de intensa emotividad para los católicos. La semana que dejamos atrás.
De un tenor afectivo importante, especialmente para los cordobeses, comenzamos por conmemorar el lunes pasado, 16 de marzo, la vida y el legado de San José Gabriel del Rosario Brochero, también conocido como el «Cura Gaucho», patrono del clero argentino.
En la fecha de su celebración, en el 110º aniversario de su pascua y décimo de su canonización, se incluyeron Misas, peregrinaciones, bendiciones con el poncho reliquia y actos culturales que atraen a miles de peregrinos, particularmente en Traslasierra, pero también a lo largo y a lo ancho de la provincia y del país.
El jueves (19 de marzo) fue la solemnidad del glorioso San José, patrono de la Iglesia y custodio de Jesús y de su esposa, la Sagrada Virgen María. Hoy (22 de marzo), nos preparamos para la semana que antecede al Domingo de Ramos.
En la jornada que cerramos, se nos ofrece un relato conmovedor que nos muestra el poder de Cristo sobre la muerte, identificado en el capítulo de la resurrección de Lázaro, su amigo. Este es uno de los acontecimientos más significativos de la Biblia. Mediante este suceso, nos rendimos a la soberanía de Cristo por sobre la vida y la muerte. Esto demuestra el poder de nuestro Salvador y su capacidad para obrar grandes milagros.
Durante este período, los cristianos estamos llamados a dedicarnos a la renovación espiritual de nuestras vidas. Utilizamos las armas de la oración, el ayuno y la limosna no solo para forjar el espíritu y tener dominio sobre nuestro propio cuerpo, sino que, además, nos ayudan a profundizar en nuestra conexión espiritual con Dios y con la Iglesia. El periodo de cuarenta días simboliza el tiempo que Jesús pasó en el desierto, ayunando y orando, antes de comenzar su ministerio público.
Resucitando a Lázaro, Él nos revela que su poder va más allá de esta vida. Es un ejemplo del poder de Dios para vencer a la muerte y traer una nueva vida llena de esperanza, como recordatorio de que siempre existe la posibilidad de renovación, por difícil que parezca nuestra situación.
Oración para el Quinto Domingo de Cuaresma.
Dios, Señor nuestro, con un corazón humilde, nos presentamos ante Ti y nos rendimos a tu soberanía para agradecerte por tu presencia y pedirte que nos cobijes bajo el amparo de tu misericordia, porque Tú no desprecias a un corazón arrepentido. Tú sabes lo que necesitamos para alcanzar la felicidad, la paz y la vida eterna, conoces las luchas que hay en nuestros corazones, pues allí también habitan las sombras espesas de nuestras vanidades, indiferencia y nuestras inclinaciones naturales por ir tras lo pasajero y terrenal.
Te rogamos, querido Señor, que les des claridad a nuestras vidas, sencillez a nuestro espíritu y astucia a nuestras mentes, para saber escoger las mejores opciones de vida, esas que solo nos llevan a experimentar tu amor y tu bondad.
Tú eres la resurrección y la vida, quien nos levanta de esas sepulturas en la que hemos estado debido a una vida sin ti. Ponemos nuestra fe en el poder de tu divinidad. Confiamos en tu propuesta de eternidad, en que si creemos verdaderamente en Ti, resucitaremos a una vida alejada del sufrimiento y de las mortificaciones, porque solo Tú eres el camino, la verdad y la vida.
Solo Tú, Divino Maestro, nos regalas tan dulce amor, no nos abandonas, sales siempre en nuestra defensa y nos fortaleces en la debilidad. No nos condenas cuando caemos, sino que nos impulsas y nos animas a salir adelante.
Ven, Señor, llénanos de tus bendiciones para contar con la fuerza necesaria para seguir creciendo en tu dirección. Asístenos con tu mano poderosa y ayúdanos a serte fiel en lo mucho y en lo poco, en nuestras tristezas y alegrías. Amén.
Fuente: Pildorasdefe.net

